CARTELERA

VILMA FLORES

Es un personaje que nació para llevar la contraria. Vilma. 25 años. Montada en una bicicleta y a veces en una motocicleta, que escribe, cuentos y poemas, dispuesta a llegar al final de las historias. Contadora pues de historias , sobre todo urbanas. Periodista. Una mujer joven, lepera, indomable, que se atreve a todo. Inspiradora. De desmesurada ternura y noble afecto. Peleonera para que los buenos ganen y los malos pierdan. Inspiración de muchas mujeres. Hija de la chingada y también de la rechingada.

Universitaria egresada de la UNISON, en la que se entrecruzan la poesía, el periodismo, el trabajo urbano popular. Una mujer que es toda ella, una provocación, ante una ciudad atorada en la garganta con mal de ojo, pero bravucona y delirante. Es Vilma Flores.

Cuando Vilma tiene una historia, lo primero que hace con ella es llevársela a la sangre y segura hasta que la pueda contar y luego contarla de tal manera que a nadie se le olvide. De esas historias, leyéndola bajo un fogón, en una silla mecedora en el porche de la casa o en una taquería chingándose unos tacos de birria. A Vilma hay que amarla, con amor del bueno. Y hay un montón de motivos para ello. Por irreverente. Por valiente. Por cabrona.

Un día le preguntaron: -Oiga vilmita, usted estudia o trabaja?. Pregunta que le hicieron en la lectura de un rosario de doñitas de la vela perpetua que rezaban y entre rezo y rezo tomaban un chocolatito caliente con unos panes conchitas y ojos de buey.

– No fijese- contesto al botepronto. – Yo me hago pendeja, en el noticiero por internet y una pagina de circo maroma y teatro. Gano semanalmente el equivalente a 34 rollos de papel higiénico; unas cincuenta coca colas de 600 ml y he aprendido a medir así mi salario en estos tiempos de crisis, sobre la plusvalía que te están exprimiendo- remato.

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